viernes, 4 de agosto de 2017

DE ANTONIO BIENVENIDA A ÁNGEL NIETO. Diferencia y, desgraciada, similitud



Antonio Mejías Jiménez, conocido como Antoni Bienvenida, tuvo sus orígenes en la tauromaquia de un modo "natural" dado que pertenecía a una familia con una gran tradición taurina. Hijo de Manuel Mejías Rapela, el Papa Negro y con varios hermanos, todos ellos con la misma profesión, pero fue Antonio el que alcanzó mayor renombre.
Tuvo una larga y prolífera vida profesional, creo recordar qué en dos etapas, con algún que otro sonoro fracaso, también plagada de tardes triunfales, sobre todo en Sevilla y Madrid, quizás las dos plazas más importantes del mundo.
De paso diré que yo tuve la suerte de verlo en Las Ventas, no sé si dos o tres tardes. Recuerdo muy especialmente la primera, en la que formaba cartel (que no terna) con Curro Romero. Había quedado en un mano a mano, entre los dos, por un percance que sufrió, unos días antes, Antonio Ordónez. Ahí es nada: un cartel formado por Antonio Ordónez, Antonio Bienvenida y Curro Romero. Creo recordar que se las conocía con el sobrenombre de "la corrida del arte"
No me voy a extender mucho, las crónicas taurinas las dejo para mi amigo Antolín Castro, de opinionytoros.com, pero si diré que la suerte se alió conmigo. En aquel mano a mano se hicieron dos faenas memorables, sublimes. Recuerdo cómo se movía por el ruedo, de un modo "natural", Curro Romero; dibujando unos lances, primero con el capote (verónicas) y después con la muleta (naturales, sobre todo), donde pareciera que embelesaba al toro haciéndole pasar por la estela que él dibujaba, primero con el capote y después con la muleta.
Antonio Bienvenida era el señorío y la elegancia moviéndose por cualquier tercio, tanto con el toro delante como sin él. Ya estaba un poco metido en carnes, pero no le hacía perder ni un ápice su saber estar elegante y sin perder, para nada, la compostura del torero más señorial que yo haya visto.
¡Cuántos novillos y toros, quizás de más de 600 kilos, habría toreado este hombre!, con unas cuantas cornadas graves, de las que se reponía, como todos los toreros, en unas cuantas tardes sin torear (una cornada, ¡cómo sería!, creo que le tuvo fuera de los ruedos alrededor de dos meses).
Después de su larga vida profesional, ya se había retirado de los ruedos, en una capea, probando unas vaquillas, en un descuido del torero (son toreros toda la vida, incluso aun cuando ya no torean), la vaquilla le atizó un estúpido topetazo por la espalda y le partió la columna vertebral, enviándolo a la tumba a los pocos días y con poco más de 50 años.
ÁNGEL NIETO
Los inicios de su profesión fueron muy distintos a los del torero. Ángel pertenecía a una familia humilde, pero con unas ganas incontrolables de querer ser, nada menos que, CAMPEÓN DEL MUNDO DE MOTOCICLISMO, cuando en España no había ninguna tradición "motera". 
Su afición, cuando todavía era un crio, le hizo ir a trabajar a un taller de motos; supongo que sería algo así como "chico de los recados". No viendo futuro para su progreso (él quería lo que quería), le hizo pensar en marcharse a Barcelona, donde estaba la fábrica de motos Derbi y allí se plantó siendo todavía un adolescente. Parece que todas las mañanas iba a la puerta de la fábrica y este "detalle" hizo que el portero le preguntara que es lo que quería y él contestó que SER CAMPEÓN DEL MUNDO DE MOTOCICLISMO. Como seguía insistiendo en presentarse todos los días, alguien que ya había reparado en él, le dio trabajo para barrer la fábrica. En la planta de la fábrica había una zona acotada, donde se desarrollaban las motos para las carreras, pero con la prohibición de pasar a esta zona a las personas que no tenían nada que ver con la competición. Ni que decir tiene que la zona más próxima a esta parcela restringida era la más limpia de toda la fábrica: Ángel merodeaba permanentemente por allí.
Por fin consiguió que le permitieran entrar en esta parcela y pronto tomó amistad con algún responsable de la sección. En algún momento que estaban preparando dos motos, para una eminente carrera, para los dos pilotos oficiales de Derbi, Nieto le pidió a su jefe que le permitiera correr en esa carrera con una moto que el vio llena de telas de araña (esta moto había pertenecido a las de carrera, pero ya estaba descartada por desfasada), la cual limpiaron y, a pesar de no montar los últimos avances técnicos, le permitieron correr con ella a Ángel Nieto. El resultado fue que quedó quinto en la clasificación y este "detalle" hizo que el propietario de Derbi se interesara por este "chaval que quería ser campeón del mundo de motociclismo".
Lo demás ya lo sabemos: infinidad de campeonatos de varias categorías ganados y los DOCE MÁS UNO CAMPEONATOS DEL MUNDO.
Bueno, pues a pesar de todo esto, parece que era mejor persona que piloto. Estoy escuchando estos días comentarios de otros pilotos y todos coinciden en lo mismo: en sus tiempos difíciles Ángel Nieto les había ayudado, incluso económicamente.
Pues ya vemos la desgraciada coincidencia: después de tantas horas desafiado la ley de la gravedad en tantas y tantas curvas, a derecha e izquierda y a velocidades endemoniadas, después de tantas horas al límite de lo inverosímil, después de tantos percances jugándose la integridad física, llega, montado en un quad, haciendo lo que más le gustaba a él, montar en moto y, en un cruce, después de parar o frenar, llega otro vehículo y le "atiza un absurdo topetazo por la espalda", sale despedido hacia delante, da con sus huesos en la calzada y, después de unos largos días de agonía, donde en algún momento parece que se reponía, nos lo quitan traicioneramente, mandándolo, eso espero, al Cielo.
HASTA SIEMPRE ÁNGEL

sábado, 31 de agosto de 2013

EL JUEGO DE LAS PALABRAS (continuación)


Hace mucho tiempo que no jugamos. Bueno, hace mucho tiempo que nada de nada. ¿Será que nos estamos haciendo viejos? Algunos muy viejos; demasiado viejos.
Como ya se atisban los primeros hielos (no digáis que no, en cuatro meses NOCHEVIEJA), estaremos más tiempo al calor de la calefacción y se nos ocurrirá alguna cosilla más.
De momento ahí van doce palabras para encontrar su significado. Una de ellas yo no la había oído nunca por Castejón
También un palabro, que le vamos a dar el título de “LA JOYA”: PACHASCO. Los más mayores, todos, seguro que lo habrán oído en más de una ocasión, aunque no en los últimos años; pero los de menos de 50 me temo que les suene  a “música celestial”
Aquí están las trece (doce palabras y un palabro):

 ALARIFE - ARREGOSTAR –  BADIL – CABÁS – CHASCAR - COCHURA – EMBAZAR – ESCABULLIR (descabullir) - HACINA – MIERA - REGOLDO – TIMORATO

 PACHASCO

 Animaros e inundar el blog de comentarios.
También me gustaría recibir nuevas propuestas de  palabras que hayan caído en desuso, pero  contempladas en el Diccionario de la RAE y palabros que se emplearan entre las gentes de la comarca y que, aunque hayan estado contemplados en el Diccionario de la RAE, actualmente ya no lo estén

sábado, 30 de marzo de 2013

Don Víctor: el cura


Para mí, y algunos más de mi edad (dos o tres años más, dos o tres años menos), Don Víctor ejerció más de maestro de escuela que de padre espiritual (un poco cursi quedan estas últimas palabras), también podría cambiar lo de “padre espiritual” por “cura”, que a fin de cuentas es lo que era. Por aquellos años: “señor cura”

¡Eran tantas las carencias de maestro! A uno le daban la plaza en titularidad, pero si le venía mal buscaba un sustituto interino (a estas cosas, sin tanto eufemismo, se le llamaba provisional), y mientras tanto allí estaba Don Víctor para hacer la suplencia. Cuando al interino le asignaban una plaza fija, se marchaba y allí estaba don Víctor para hacer las suplencias. Yo creo que le gustaba.

También hizo suplencias Don Mateo, el secretario del Ayuntamiento. “Qué escusas ni que niños muertos”, decía.

Pero centrémonos con el señor cura (se le llamaba así, ¿o no?). En la escuela eran memorables aquellos semicírculos en derredor de la mesa del “profe” para preguntar la lección de cada día. La colocación ya estaba establecida: a la izquierda se colocaban los más atrasados, o más perezosos a la hora de estudiar, de  tal modo que a la derecha quedaban los más avanzados de la clase.

El hacía la pregunta al último de la fila, si no se sabía la contestación, en principio, no pasaba nada grave (aunque alguna vez también se levantaba de la mesa para “cogotear” a algunos); pasaba la pregunta al anterior y así hasta llegar al primero de la clase. Los primeros que recuerdo yo que ocuparan estos puestos, eran los dos Manolos: Piña y García. Yo no tengo recuerdos de que a estos les atizara mucho con la regla, hombre, ya eran mayorcitos, aunque supongo que algo caería. Yo lo que recuerdo, ¡que si lo recuerdo!, es cuando me tocó estar en esos puestos. Junto con Pedro Santana, nos llevamos algunas raciones. Los primos Vaquerizo (Antonios) también llevaron lo suyo. El “Ofito” (que en Paz descanse), el Fernando. No, si no creo que se librara ninguno.

Este hombre (aunque cura) tenía gran imaginación para crear una variedad de recursos para atizar. A Pedro y a mí, nos cogía de los pelos y nos daba cogotazos uno contra el otro (pobres piojos); pero algunos días, se ve que estaba más inspirado, nos hacía poner los dedos de las manos juntos hacia arriba y nos arreaba ¡cada reglazo en la punta de los dedos!, la madre … Otras veces la inspiración, no sé si Divina, la demostraba dando con el borde de la regla en el cogote; o directamente, de arriba abajo en las orejas. Su máxima era “La letra con sangre entra”.

En la Iglesia no era muy distinto, aunque parece que se suavizaba algo. Ahí yo creo que nos tenía de monaguillos a casi todos.

El golpe más memorable de autoridad creo que lo dio el día de Santiago, 25 de Julio. Sabido es que desde finales de Junio, cuando se iniciaba la siega y hasta que se terminaban las labores de recolección, Finales de Agosto o primeros de Septiembre, la misa de los Domingos, a la que era obligatorio asistir, la celebraba a las 5 de la madrugada (seguro que muchos días pillaríamos dormido al Altísimo), y a esa hora es muy duro levantarse cuando te has acostado con los riñones desechos del trabajo diario. Pero aquí se juntaba la devoción y la obligación, y para ninguna de las dos cabía la más mínima escusa; pero algunos monaguillos perezosos no habíamos cumplido ni con una ni con otra. Solo eran fiesta de no trabajar dos días en todo el verano: Santiago Apóstol, el 25 de Julio y la Purísima, el 15 de Agosto.

Bueno, pues cuando llegamos a Misa, que este día de Santiago era a media mañana, a D. Víctor (el cura) le faltó tiempo para echar de la sacristía, antes del inicio de la misa, a todos los monaguillos que no les gustaba madrugar. Manolo dice que cuando él llegaba nos estaba echando a los demás y él ya directamente se dio media vuelta. “Hasta luego Lucas”.

La hostia más gorda me la dio a mí en la sacristía. No aquel día de Santiago, no. Fue como consecuencia de un chivatazo de una niña, poniendo en mi boca algo que yo no había dicho. Pero como a este cura lo caracterizaba la ecuanimidad y el equilibrio, pues primero me la atizó y, después  …, va, ya para qué iba a preguntar. Yo me quedé con el “hostión” aquel. Bueno, sí. Cuando terminó la catequesis yo salí como un tiro, me escondí en una esquina y me desquité (en lo que me dejaron) cuando pasaba la susodicha. Tampoco nada de mucha importancia. Alguna torta y algún tirón de pelo.

Lo bueno de todo esto es que yo no le podía decir a mi padre que me había pegado el cura, por miedo, no a que me pegara él, pero sí a que me castigara de algún modo, que a lo mejor dolía más.

Junto con Enrique, algunas “perrillas” sí que le sisaríamos de los cepillos, y más de un trago de vino de las vinajeras. ¡Qué bueno estaba! Y como era consagrado no nos hacía daño. Por ayudar a misa nos daba un Real (para los no enterados: 25 céntimos de peseta) que estaba muy bien pagado. Estoy hablando de los años 50. Claro, claro, es que  ya son muchos años.

Quizás me esté pasando pelín al tratar estas cosas con alguna ligereza. Pido disculpas si alguien se puede sentir ofendido.

Recuerdo otra anécdota, esta es de otra índole. Yo empecé a ayudar a misa con muy pocos años y, además, era pelín canijo. El Misal que tenía en las misas estaba tan viejo, tan gastado, que todas la hojas las tenía sueltas. Yo a duras penas llegaba a lo alto del altar y el misal había que cambiarlo de lugar dos veces en el transcurso de la misa, formaba parte del guion. Sacarlo hasta el borde del altar y cogerlo aún era capaz, lo malo era subirlo a pulso hasta encima del altar y dejarlo decorosamente. Bueno, pues en uno de estos cambios, cuando lo fui a subir a lo alto del altar, se me cayó, formando una verdadera “parva”. No, no hubo castigo. Lo malo es que era una misa funeral. Por esos años no creo que se llamara “de cuerpo presente”, la misa era al día siguiente del entierro. Para el entierro, el cura iba desde la Iglesia con la Cruz, a la casa del difunto y desde allí la comitiva partía directamente al cementerio. El otro monaguillo, ya sabéis que esto era por parejas, era un seminarista: Ricardo Vaquerizo.

Tengo que decir que D. Víctor también me dio de las otras hostias, sin consagrar; más bien recortes de hostias, y esto era como premio cuando me tomaba clases del “catón” ¡en latín!
 
Pange Lingua Gloriosi.

Miserere Mei Deus.

-Dominus vobiscum- -Et cum spiritu tuo-

Amén